diagrama para la felicidad en la empresa
Una pequeña obra maestra de whatconsumesme:
Simple pero expresivo, encontrado a través en el radar de O’Reilly.
Una pequeña obra maestra de whatconsumesme:
Simple pero expresivo, encontrado a través en el radar de O’Reilly.
Hace unos días en el blog salmón leí un post sobre productividad en el que comentaban que un camarero puede poner cómo máximo unas 30 cañas, por muy rápido que sea el grifo de cerveza. El camarero se convierte en el factor limitador de la productividad, así que me dió por pensar si se podría aumentar esa productividad por medio de la robótica.
Poniendonos en el caso de un bar que sólo sirven bebidas en barra y/o mesas, una primera idea podría ser hacer un robot móvil que sirviese las bebidas a las mesas. Habría que ponerse en el peor de los casos: un bar repleto de gente, que para un robot no son más que obstáculos móviles. Por ahora parece un problema demasiado complicado para un robot. Otra opción podría ser un robot barman antropomórfico que sirviese en una barra, pero creo que tampoco sería lo suficientemente rápido y/o diestro con los vasos.
Así que habrá que conformarse con algo tipo máquina de vending, parecido a let’s pizza, pero con menos aspecto de máquina de vending, integrado en la propia barra de bar. ¿La gente podría aceptar un servicio así? Creo que en parte depende del dinero: por el mismo precio, prefiero que me sirva un camarero humano. Pero si la cerveza vale bastante menos en un bar con una máquina sirviendo los pedidos, no me importaría hacer cola delante de la máquina. Es la filosofía de los restaurantes de comida rápida: no te sirven en la mesa, tienes que hacer cola para recoger tu pedido, pero el precio y la velocidad compensa las carencias del servicio. Un bar o restaurante con máquinas de vending podría ser la siguiente evolución de los restaurantes de comida rápida. Pero sería importantísimo que las máquinas no tuviesen aspecto de máquinas de vending.
Vale, no es una idea ni demasiado original ni demasiado factible, pero en estos casos prefiero cambiar el enfoque del problema, de pasar a ver el limite humano de 30 cañas, a cambiar la perspectiva para intentar superar el límite redefiniendo el problema: restaurantes de comida rápida o bares basados en máquinas inteligentes de vending.
La respuesta, según leo en un post de Tim Harford autor de “El economista camuflado”, es que los electores son incapaces de distinguirlos. Un estudio llevado a cabo por Andrew Leigh de la Universidad Nacional Australiana, sugiere que los electores castigan siempre a los gobiernos que sufren una crisis económica independientemente de que la crisis tenga una componente internacional. Según parece, es probable que los electores no estemos preparados para distinguir a los gobiernos buenos de los malos y cuando las cosas van mal, se castiga al gobierno independientemente de su actuación. Aunque es difícil extrapolar un resultado así sin una base científica, tengo la sensación de que lo mismo sucede con las empresas en una crisis. Estoy casi seguro de que los empleados de una empresa no aprueban las decisiones de los directivos por las mismas razones.
En el estudio también se estudia el impacto de los medios de comunicación: parece que en los países dónde la prensa es más común, los electores están mejor informados, la radio apenas afecta y la televisión empeora los resultados. No hay información sobre internet, pero el impacto puede ser similar al de la prensa ya que me imagino que la importancia de la prensa es por la posibilidad de leer y analizar con más calma los datos que por radio o televisión, dónde los mensajes se quedan grabados más rápidamente en el electorado.