Hoy me ha tocado pegarme con un seguro. La cosa todavía está en marcha y no sé cómo acabará. Ya sabéis cómo van estas cosas: las aseguradoras se agarran a lo más peregrino para intentar no dar coberturas/servicios.
Y ya lo daba todo por perdido, hasta que a última hora de la tarde se me ha encendido la bombilla: leer una póliza de seguros siempre es farragoso y complicado para un no experto, pero para un LLM esto es algo sencillo.
Así que le he contado mi situación a ChatGPT, le he cargado mi póliza (por privacidad no me hace mucha gracia, pero de perdidos al río) y tachán… me ha dado los argumentos basándose en mi contrato para que el seguro actúe como necesito.
Seguramente pase lo de siempre: un empleado con más tablas toreará alegremente los argumentos de ChatGPT y si quiero seguir, tendré que reclamar de otra forma.
Pero lo interesante no es mi caso, que es una minucia, sino lo que hay debajo. Durante años la letra pequeña ha funcionado como una barrera: los contratos no son largos y enrevesados por accidente, son largos y enrevesados porque el coste de entenderlos lo pagabas tú. Treinta páginas de cláusulas, exclusiones y remisiones a un anexo que a su vez remite a otro anexo son una manera bastante eficaz de que nadie discuta nada. Y de repente ese coste se ha desplomado.
Al igual que las empresas esperan ahorrarse costes usando ChatGPT para todas las tareas (sobretodo las tareas de sus «malditos» clientes que pidiendo cosas), ahora los clientes podemos empezar a pedir a las empresas que cumplan correctamente con las cláusulas de sus contratos. Especialmente las empresas que suelen escudarse en contratos complejos y farragosos.
En cuanto uno empieza a tirar del hilo aparecen ejemplos por todos lados. La cláusula de permanencia que nadie recuerda haber firmado. La comisión que aparece un buen día en la cuenta y que resulta que estaba condicionada a tener la nómina domiciliada. El vuelo que se retrasa cinco horas y la compañía que en ningún momento te menciona que hay un reglamento europeo que te da derecho a una compensación. Nada de eso era secreto, estaba todo escrito. Simplemente estaba escrito de una forma que desanimaba a leerlo.
¿Veremos un aumento de la litigiosidad? Es posible, dado que ChatGPT facilita analizar contratos y reduce costes para contener los abusos, especialmente las empresas que se escudan en los contratos: te deniegan un servicio de digamos 500€ y con ese dinero no tienes ni para empezar con un abogado. Además un LLM te puede guiar en las reclamaciones previas, que identicamente suelen parecer complejas y suponen una barrera, ahora su tramitación se puede simplificar también. Y ojo, que ahí hay todo un circuito montado (hoja de reclamaciones, servicio de atención al cliente, defensor del asegurado, consumo, banco de españa) que es gratuito y que casi nadie usa, básicamente porque nadie sabe por dónde se empieza.
Tampoco me quiero venir arriba. Un LLM también te puede inventar una cláusula que no aparece por ningún lado, así que todo lo que te diga hay que contrastarlo con el contrato. Y lo más probable es que al otro lado esté pasando exactamente lo mismo: la aseguradora tendrá su propio modelo contestando a las reclamaciones que ha escrito el mío, y acabaremos con dos máquinas discutiendo educadamente sobre el punto 4.3.b. Una carrera armamentística de la letra pequeña, que me temo que la ganará el que tenga más abogados. Probablemente la reacción de los departamentos legales sea escribir contratos todavía más blindados.
Ya sabemos que la banca siempre gana, sobretodo si es contra los pequeños. En mi caso ya me ha servido un poco, por primera vez me he sentado a discutir con una aseguradora sin sentirme en inferioridad. Seguramente me toreen igualmente, pero si esto se generaliza, a lo mejor dentro de unos años los contratos empiezan a ser un poco más cortos y más claros. No por buena voluntad, claro, sino porque ya no le compense a nadie que sean largos.

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