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Genial artículo de Eduardo Manchón sobre el papel de un programador en una start-up. Cómo programador me he sentido completamente identificado. Aparentemente le da una importancia exagerada al programador, pero creo que lo hace para dejar claro que sin tecnología no hay proyecto. Hay que tener en cuenta que habla de startups tecnológicas, en las que si no hay tecnología, no hay start-up.

Para mí, el valor de una idea tiene dos componentes: la ejecución y el valor potencial de una idea. El valor real se obtiene del producto de ambas magnitudes. Una buena idea sin ejecutar, no tiene valor, sólo está escrita en un papel (puede que ni siquiera sea realizable). Una ejecución impecable de una mala idea, tampoco (muchas empresas de la burbuja .com entran en esta categoría).

Relacionado con esto, he leido hace poco un artículo interesante en coding horror, crea equipos no ideas:

If you give a good idea to a mediocre group, they'll screw it up. If you give a mediocre idea to a good group, they'll fix it. Or they'll throw it away and come up with something else.

Si le das una buena idea a un grupo mediocre, la estropearán. Si le das una idea mediocre a un buen grupo, la arreglarán. O la tirarán y pensarán en algo nuevo.

Cuando un proyecto tecnológico comienza, la ejecución depende fundamentalmente de los programadores, ya que la tecnología no existe todavía o está bajo investigación. Una vez que la tecnología funciona, entonces puede pasar a un segundo plano y el diseño, marketing, etc, se vuelven mucho más importantes. Por eso es fundamental tener buenos programadores que comprendan la tecnología cuando empieza un proyecto.

¿Cuál es la importancia relativa de una idea dentro de un proyecto innovador? Recordemos que para que una innovación sea tal debe tratarse por un lado de una idea novedosa y de tener un impacto en la sociedad. Por lo que si tenemos una idea novedosa escrita en un papel, su valor es nulo.

En este sentido coincido con Paul Graham que lo expone de forma sencilla: si las ideas por si solas tuviesen valor, entonces existiría un mercado de ideas y habría empresas y gente vendiendo ideas innovadoras. Pero no lo hay, porque la idea por sí misma no tiene valor, necesita transformarse en una realidad.

En algunas empresas grandes puede tener sentido pagar a gente que piense por tener ideas, porque la empresa actúa cómo un todo capaz de generar ideas en un departamento y de implementarlas en otro. Pero no existe una mercado de ideas dónde se puedan vender ideas escritas.

Otro tema es que una idea sea más o menos interesante, porque pueda tener un potencial mayor o menor cuando se lleve a cabo. En este post, Dharmesh Shah trata este tema: una idea puede ser mala ó buena, pero la ejecución es lo que la transforma en un proyecto mejor o peor. Incluso una idea mala (que no sea estúpida) puede transformarse en un proyecto de éxito. El caso más evidente es el de una idea irrealizable. Puedo pensar en vender alas para volar, cómo idea es estupenda, pero no es realizable. Igualmente, una idea en el aire que no sabemos si es realizable o no, o el impacto que puede llegar a tener en la sociedad, no tiene ningún valor.

En este sentido la ejecución es el acto de transformar una idea en un proyecto real. Y es el factor más determinante a la hora de transformar una idea en un proyecto, aqui destacaría el comentario de Eduardo Manchón a una entrada de Javier Martín en loogic, hablando sobre la temáticas de las ideas de nuevos proyectos:

Las temáticas especialidadas ni son buenas ni son malas, tienen sus ventajas e inconvenientes, como todo. Como siempre digo, la clave está en la ejecución, no en la idea y es en tu ejecución donde buscaría los errores.

Tanto la entrada cómo las repuestas de esa entrada son muy interesantes. Y el propio Javier Martín en otro post distinto, nos habla de que no es la idea lo importante sino las ideas que rodean a un proyecto. Yo matizaría que hay ideas mejores y peores, pero desde luego es durante la ejecución de un proyecto cuando surgen esas ideas periféricas de las que habla Javier que pueden convertir a un proyecto en una realidad. Sin una ejecución no hay proyecto sólo una idea sin valor, por lo que incluso una mala idea puesta en práctica tiene más valor que idea genial en el aire.